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Lo que significa para mí la misión

¿Por dónde empezar a compartir tanta riqueza y vida recibida en mi envío a los Arellano? El Centro Social Lestonnac es un lugar geográfico a las orillas de Aguascalientes, donde hay muy pocas oportunidades de apoyo para las personas, en especial los niños y las mujeres. Apenas ha pasado un año y medio de este regalo que Dios nos dio a la comunidad de Aguascalientes, llena de vivencias, rostros y experiencias que nos invitan siempre a buscar el “más” en lo que cada una recibe y aporta.

Recuerdo con cariño los primeros pasos: junto a la comunidad, fuimos dando los retoques necesarios para preparar un espacio propicio para los niños y las mujeres de la comunidad, aun sin conocer sus rostros. Nuestro deseo era crear un ambiente acogedor y digno donde pudieran desarrollarse integralmente y reconocerse capaces de más: crecer como como personas, aumentar su autoestima, desarrollar habilidades de aprendizajes significativos y convertirse en promotores de su comunidad.

Recuerdo que en el espacio compartido con los niños la respuesta fue inmediata; al principio por curiosidad y después al ir reconociendo oportunidades de crecimiento y desarrollo que no existían en su comunidad.

Procuramos acompañarlos todos los días de 4 a 6 de la tarde, un tiempo en el que con esmero intentamos dar apoyo escolar y brindar herramientas para su crecimiento humano, pues tienen un rezago educativo notable. Los apoyamos para que descubran todo su potencial. A través de metodología y hábitos de aprendizaje significativos y novedosos, nos enfocamos en fortalecer su autoestima y romper con patrones aprendidos que no les permiten avanzar. Un desafío que se nos presenta este año es formar monitores que nos ayuden a acompañar a estos pequeños en su proceso educativo y de crecimiento humano.

Con respecto al grupo de mujeres, el centro se ha convertido en un espacio seguro en el que ellas, en diferentes momentos, comparten sus historias de vida con la metodología de GAM. En algunos casos se ayudan a sanar experiencias de violencia por medio de la implementación de la metodología “Mujer, no estás sola”. En nuestro caminar, Dios nos ha hecho testigos de los resultados positivos que experimentan las participantes en ámbitos de bienestar físico, emocional, espiritual tales como la mejoría de su autoestima y la acertividad en su toma de decisiones.

De esta manera se ha ido mejorando de modo integral la calidad de vida de los participantes. Comparto algunos de sus testimonios:

 

«Me siento en conexión con mis compañeras, ahora sé que en otro espacio, no tan lejos de mí, hay alguien con quien puedo contar, con quien puedo compartir en libertad. Podemos soñar en una red de apoyo y seguir aprendiendo más juntas, aportándonos y enriqueciéndonos.»

«En este tiempo he aprendido a recobrar mi raíz, mi identidad como persona, como mujer, como madre. ¡Qué importante va siendo para mí! He recuperado deseos de vivir, conexión conmigo misma, ilusión, esperanza y he aprendido que nadie puede dar lo que no tiene. Necesito seguir trabajándome para acompañar de una manera sana a mi familia rompiendo estereotipos que han marcado generaciones.»

«Estoy contenta y mucho mejor que ya hace algunos años; nunca había vivido una experiencia así. Me siento nueva, soy una mujer nueva, me siento diferente, he sanado a veces sin darme cuenta aspectos que nunca había contemplado en mi vida y que al comprenderlos me han devuelto la esperanza, la ilusión.»

«Agradezco la oportunidad que vivo de descubrirme y descubrirlas como personas, como seres humanos frágiles vulnerables, pero también como guerreras. He estado perdida durante mucho tiempo; sobreviviendo, no viviendo. Me veo ahora y reconozco mi individualidad como mujer y como mujeres colectivamente. En el caminar este año reafirmo que cada una, desde nuestra propias experiencias, realidades y procesos, somos protagonistas de nuestras vidas y nadie tiene el derecho de violentarnos. Qué bueno es estar en un grupo donde no aconsejamos, no juzgamos, no interpretamos a otras mujeres… Sanamos y nos acompañamos unas a otras desde la sororidad y el respeto a nuestra individualidad, tal como proclama nuestro lema: “Mujer, no estás sola”

Con la palabra y relectura del salmo 111, termino este pequeño espacio de compartir:

¿Cómo puedo pagarle al SEÑOR por tanta bondad que me ha mostrado?
¡Tan solo brindando con la copa de salvación e invocando el nombre del SEÑOR!
¡Tan solo cumpliendo mis promesas al SEÑOR en presencia de todo su pueblo!
Tomando la Copa del Dolor, la mía y la de mis hermanos y hermanas que sufren, la de todas las personas que hoy se sienten tristes…
Tomando la Copa del Gozo, la mía y la de mis hermanas y hermanos que gozan.
Que hoy disfrutan de la vida, de la naturaleza, del descanso…
Tomando la Copa de la Vida, la copa de la realidad y del sentido, y la tomaré con confianza y fortaleza.

 

Hoy brindamos por el Dios de nuestra Historia, por el Amor filtrado en nuestra realidad. Brindamos por la vida, entretejida de gozos y sufrimientos, límites y utopías, carencias y esperanzas…
Alzamos la Copa de tantos límites de cuerpo y espíritu…
Alzamos la Copa de tantas utopías que nos ayudan a crecer…
Alzamos la Copa de tantas carencias que nos hacen sufrir…
Alzamos la Copa de tantas esperanzas que nos sostienen…
Hoy, aquí y ahora, invocamos tu Nombre, Señor.
Necesitamos la fortaleza de tu bendición no solo para tomar y alzar la Copa, sino para beberla.

Con agradecimiento a Dios por su envío al Centro Social Lestonnac Liz González ODN

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