Si fijamos nuestra mirada a cualquier lado de la maravillosa obra que es la Iglesia de Nuestra Señora del Pilar, encontramos a la gran mujer que nos legó esta belleza. Esa mujer se llama María Ignacia de Azlor y Echeverz.
Después de la Guerra de Conquista y posterior reconfiguración del territorio Mexicano en lo que fue conocido como el Virreinato de la Nueva España, encontramos los primeros albores de los antepasados de esta extraordinaria mujer.
Siendo hija de los segundos marqueses de San Miguel de Aguayo; los señores don Joseph de Azlor y Virto de Vera, segundo hijo del Conde de Guara y teniente general de los Reales Ejércitos y de doña Ignacia Javiera Echeverz, marquesa de San Miguel de Aguayo y Santa Olaya. María Ignacia nació el 9 de octubre de 1715 en la hacienda de San Francisco de Patos, lo que actualmente es Villa General Cepeda Coahuila. Hasta la edad de nueve años vivió en la hacienda de Patos, después se trasladó a la Ciudad de México junto con sus padres donde vivió hasta los 17 años, aunque al paso de esos años regresó al lugar de nacimiento.
En 1735 María Ignacia decide ingresar al convento de la Purísima Concepción en la Ciudad de México, donde permanece alrededor de un año, tiempo en el cual su deseo de convertirse en religiosa y tomar los hábitos en España se hicieron más claros, al igual que su deseo de la fundación de una “filial de la Compañía de María en Nueva España para contribuir con la educación de las niñas” (Esperanza Dávila, 2015) Así pues, el 8 de mayo de 1737 —teniendo 21 años y siendo huérfana de madre y padre— se embarca rumbo a España, no sin antes dejar por escrito su deseo de fundar la Compañía de María en México a modo de testamento y como prevención por si el largo viaje al viejo mundo no llegaba a buen término.
El 24 de septiembre de 1742 Maria Ignacia y su prima Ana ingresaron al convento de la Enseñanza de la Compañía de María Santísima en la Ciudad de Tudela de Navarra, finalmente realizó la profesión de los votos perpetuos el 2 de febrero de 1745. Más tarde y gracias a la influencia de su cuna y a la recomendación del confesor del Rey, tras quince años de haber llegado a España, María Ignacia consiguió que Fernando VI otorgara a través de la real cédula del 23 de abril de 1752 el permiso para fundar en la Nueva España una filial de la Compañía de María.
Las monjas españolas:
● María Ignacia Sartolo y Colmenares,
● Ana María de Torres Cuadrado y Echeverz (prima de María Ignacia)
● María Esteban de Echeverría
● María Josefa Burgos
● María Tomasa Téllez
● Joaquina Antonia Azcárate
● María Isabel Zepillo
● Ana Teresa Bonstet
● María Lucía Beramendi
● María Josefa Cabriada y
● María Águeda Urtaum de Val-de Roncal
acompañaron al Nuevo Mundo a María Ignacia como grupo fundador. El 4 de agosto de 1753 llegaron a Veracruz y el 30 del mismo mes a la Capital Novohispana, alojandose en el convento de Regina de manera provisional.
Se cuenta que a su llegada a la Nueva España el grupo de religiosas enfrentó la oposición de un grupo denominado las “maestras de miga” o “maestras amigas” (Pilar Foz, 1981) que percibieron como amenaza a su trabajo, el que un grupo quisiera instaurar una Orden dedicada a la educación de las niñas en Nueva España. Además, la suspicacia del arzobispo de México Rubio y Salinas quien pidió que se comprobará la solvencia económica de la empresa que María Ignacia quería llevar a cabo, contribuyó a los obstáculos que el grupo de religiosas encontró en su camino. Sin embargo, con la ayuda de los albaceas de los marqueses de San Miguel de Aguayo (Esperanza Dávila, 2015) María Ignacia pudo comprobar la solvencia económica que necesitaba y así comenzar la compra de lo que posteriormente sería conocido como Convento de Nuestra Señora del Pilar de Religiosas de la Enseñanza y Escuela de María.
Para la edificación del Convento se compraron dos casas en la calle de Cordobanes (hoy Donceles), teniendo como cabeza del proyecto a fray Lucas de Jesús María, el comienzo de la obra para la edificación del convento comenzó el 23 de junio de 1754 según consta en el expediente relativo a la construcción del convento de la Enseñanza, alojado en el AGN de México. Las obras de reacondicionamiento terminaron en diciembre de 1754, lo que permitió a las religiosas ingresar ese mismo diciembre en su nuevo espacio. El 30 de diciembre se recibió a la primera alumna y para el 11 de enero de 1755 las clases ya eran dadas a 10 alumnas en la mañana y 20 por la tarde.
La iglesia del Pilar, fue edificada en el terreno de una casa aledaña al convento, la cual fue adquirida por la cantidad de 11 mil pesos, la obra es atribuida a Antonio Guerrero y Torres. En la Nueva España existía una marcada deficiencia en la instrucción de las mujeres pues el fin de su educación era que se convirtieran en buenas esposas y madres de familia, sin ninguna posibilidad de instruirse más allá promoviendo una discriminación cultural entre hombres y mujeres. Esta situación no fue sucedida por Maria Ignacia ya que su vida está orientada por el gran deseo de que a ninguna joven, cualquiera que sea su realidad, se la excluya de la posibilidad de educación. Una innovación sociológica notable y audaz en la Nueva España del siglo XVIII.
De gran fortaleza, con una sensibilidad especial para los pobres económica y culturalmente, no se rindió ante los obstáculos de todo tipo que tuvo que superar hasta lograr la fundación en la ciudad de México. “Su influencia trascendió fuera de su convento-colegio e impulsó el desarrollo cultural de la mujer mexicana”. Ella fue también la personalidad impulsora que motivó un cambio notable en la
orientación tradicional de los conventos de la Nueva España.
María Ignacia de Azlor se presenta como uno de los ejemplares más elocuentes del alma mexicana, una de las criollas que expresan mejor la fecundidad de una vida entregada al servicio a los demás, en una tarea educativa…Tarea que perdura hasta el día de hoy a través de los Colegios, de los Centros Socioeducativos y Tendiendo la mano a la y al que más lo necesita. La vida de María Ignacia de Azlor y Echeverz, estuvo marcada fuerte y exclusivamente por un ideal. Las notas que la configuraron fueron la
rebeldía y la fidelidad:
● Rebeldía ante la indiferencia de la sociedad mexicana por no promocionar culturalmente a la
mujer,
● Fidelidad a un ideal educativo inculcado por su madre y libremente aceptado y desarrollado, por
ella misma”, según el modelo de Juana de Lestonnac.
Agradecemos a Dios y a Nuestra Señora, la vida de María Ignacia de Azlor y la fundación del primer Colegio de la Compañía de María en México, colegio que aún perdura a pesar de las innumerables dificultades. HOY, NUESTRO QUERIDO COLEGIO LESTONNAC.