Los días 23 y 24 de marzo, después de una calidad bienvenida por nuestra Hna. Provincial, Isabel Rodríguez, ODN, iniciamos una danza al ritmo del Espíritu. Éramos 22 hermanas de 65 a 80 años que, reunidas en Guadalajara, Jalisco, en la comunidad de Madres Mayores al calor de su acogida fraterna, nos tomamos un tiempo para escuchar, acoger, aprender, desaprender y compartir.
Los textos “Hay un tiempo para todo” (Ivone Guevara) y “Cómo me gustaría envejecer” (Dolores Aleixandre), fueron preparando el corazón para orar, reflexionar y posteriormente compartir, en un diálogo fraterno, en pequeños grupos conformados aleatoriamente.
En las palabras de bienvenida, nuestra hermana Isabel nos ayudó a tomar conciencia de nuestro presente. “Hoy van apareciendo algunas circunstancias con las que hemos de aprender a convivir”, nos dijo. Los énfasis que fue señalando nos ayudaron a ver esta como una etapa diferente, pues nos sitúa en un momento en el que pasamos de la autogestión a vivir un presente diferente. De esta forma, dimos inicio a una danza de día y medio de la mano del Bailarín más importante, el Señor Jesús.
Literalmente y más allá de las habilidades motrices de cada una, danzamos en el momento de hacer una oración muy original, orientada por nuestra hermana Manola, quien nos fue guiando para danzar al ritmo de algunas melodías. Fue un momento en el que experimentamos nuestras resistencias y rigideces, también la docilidad y gozo interno al disponer el cuerpo, mente, voluntad y centro interior para lograr acompasarnos a las notas musicales, es decir, al ritmo del Espíritu.
Lo anterior nos dio la pauta para hacernos sensibles y poder ver la propia vida como una danza y escuchar la música interior que nos mueve.
En el pozo de aguda viva de nuestro interior, encontramos a Dios; pero en ocasiones, también encontramos “otros” ritmos como las tentaciones de poder, tener y aparentar traducidas en seguridades, posiciones inamovibles, ideas intocables, egos, miedos, vacíos disfrazados… Esta oración-reflexión, nos ayudó también a sensibilizarnos para descubrir y aceptar que en nuestras comunidades hay ritmos diferentes y aprender cómo hemos de convivir con ellos. De allí la importancia de ser COMUNIDAD donde podamos ser nosotras mismas y acompañarnos. La llamada es a SER más que a hacer y a vivir en entera confianza y total libertad al ritmo del Espíritu.
Estos y otros aprendizajes fueron el tema central de nuestra conversación en los pequeños grupos y en las sesiones plenarias durante este fecundo encuentro. Al terminar, entre otras llamadas y compromisos, quedamos motivadas a seguir compartiendo en un grupo virtual que próximamente se formalizará. Nuestra gratitud a quienes hicieron posible, de una forma u otra, esta danza al ritmo del Espíritu en Compañía de María.